El río Guadalquivir se ha convertido en un epicentro del narcotráfico en Europa, con un flujo sin precedentes de hachís y cocaína. Esta situación se debe a una alianza estratégica entre clanes de Marruecos, Colombia y los principales capos de La Línea de la Concepción.
Expertos en la lucha contra el narcotráfico han confirmado la existencia de este acuerdo, descrito como un «pacto no escrito de tolerancia» que se ha desarrollado gradualmente, siempre que beneficie a todas las partes involucradas. El río más grande de Andalucía se ha transformado en una vía de entrada ideal para los clanes que anteriormente utilizaban las playas del Campo de Gibraltar.
Una señal clara de esta colaboración es la presencia de colombianos en los viajes de transporte de droga, actuando como garantes o «notarios» de la mercancía. Un alto mando en la lucha antidrogas explica que «los clanes de La Línea proporcionan las narcolanchas, los cárteles sudamericanos suministran la droga, en alianza con los productores de hachís de Marruecos».
Esta alianza ha resultado tan beneficiosa que los marroquíes han comenzado a intercambiar kilos de hachís por kilos de cocaína, a pesar de la diferencia en su valor real. Según fuentes, «los marroquíes no permitirían el uso de sus rutas sin obtener beneficios. Por eso, ahora operan en el río numerosos clanes del Campo de Gibraltar, Sevilla y Sanlúcar».
Los cárteles colombianos han reconocido las ventajas de utilizar el sur de España para sus operaciones. Un mando de la Guardia Civil señala que «han visto la facilidad de entrada por el sur y los propios cárteles de la coca han establecido contactos con gente de La Línea y marroquíes para introducir la droga por esta zona en lugar de hacerlo por Galicia».
No se descartan alianzas entre clanes gallegos y andaluces, ya que en estas operaciones se han detenido a algunos gallegos tanto en las playas gaditanas como en el río Guadalquivir.
Tradicionalmente, los productores de hachís marroquíes controlaban la producción y venta de la droga a organizaciones del norte de Europa, pero la situación ha cambiado. Ahora, los clanes de La Línea no dependen exclusivamente de los marroquíes y, cuando no tienen hachís, recurren a la cocaína. Esta tendencia fue detectada por el OCON-Sur, el grupo de élite contra el narcotráfico de la Guardia Civil, durante sus investigaciones entre 2018 y 2022.
Algunos narcos gaditanos han buscado contactos para obtener cocaína y distribuirla a través de sus canales de venta. Utilizando sus propias lanchas semirrígidas, solo necesitan navegar hasta alta mar para recoger la mercancía.
Este acuerdo también beneficia a los marroquíes, permitiendo a los latinoamericanos utilizar sus rutas marítimas a cambio de intercambiar hachís por cocaína. Esta colaboración ha aumentado significativamente los alijos detectados en las poblaciones a lo largo del río Guadalquivir.
Las entradas masivas de narcolanchas han desbordado al Servicio Marítimo de la Guardia Civil, con grupos de cinco o seis lanchas llegando simultáneamente. Los narcos ya no se limitan a las localidades cercanas a las marismas de Sanlúcar de Barrameda, sino que también llegan a lugares del interior de la provincia de Sevilla, como Coria del Río.
La alta frecuencia de estas operaciones ha dejado claro que las patrulleras del Instituto Armado son insuficientes, y muchos piden más recursos para intensificar la lucha en esta región de Andalucía.
Además del cambio en la ubicación de entrada de las drogas, los especialistas de la Policía Nacional y la Guardia Civil han notado un aumento en el foco de la cocaína de los cárteles colombianos, además del hachís marroquí.
Esta situación ha sido revelada gracias a operaciones recientes, como la que tuvo lugar hace dos semanas, marcando un hito en la lucha contra el narcotráfico en el Guadalquivir.
El golpe sin precedentes al narcotráfico
En la madrugada del viernes 27 de diciembre de 2024, la Guardia Civil asestó un golpe sin precedentes al narcotráfico en el Guadalquivir. En una finca de Coria del Río, los agentes incautaron siete toneladas de cocaína, la mayor cantidad de esta droga interceptada hasta ahora en el sur de España.
El alijo llegó a la península de una sola vez a bordo de narcolanchas. Esa noche, los investigadores detectaron la entrada de dos embarcaciones cargadas de fardos y las siguieron por el río. Cuando llegaron a la finca, los agentes observaron discretamente cómo descargaban la cocaína.
La organización había ideado un método para ocultar la droga en la finca: un almacén subterráneo formado por dos contenedores marítimos. Un cargamento de esta magnitud es poco común y solo se ha visto en contadas operaciones policiales.
Esta misma semana, otra operación reveló un patrón preocupante. En La Puebla del Río, Policía Nacional y Guardia Civil intervinieron 2.883 kilos de cocaína pertenecientes a un clan local.
Muchos traficantes que antes se dedicaban al hachís han encontrado rentable mover cocaína debido a su alta producción en Latinoamérica. Mientras sus lancheros no transportan fardos de hachís desde Marruecos, mantienen activa la red con cargamentos de cocaína.
El recorrido de la droga cruza el Atlántico por la ruta más corta y es almacenada temporalmente en países del golfo de Guinea, una región cada vez más afectada por el crimen organizado. Así lo ha determinado la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil en su investigación, la llamada Operación Adriática.
Desde allí, la cocaína es recogida por veleros o lanchas en algún punto del Atlántico cercano a Canarias y, finalmente, introducida en España.