En la noche del pasado miércoles, una llamada alertó al puesto principal de la Guardia Civil en Adra sobre un supuesto robo en la barriada de La Alquería. Los agentes se desplazaron de inmediato al lugar, pero al ser la zona inaccesible en vehículo, tuvieron que estacionar y continuar a pie. Mientras inspeccionaban las viviendas, desconocían que se trataba de una emboscada. En cuestión de minutos, su coche patrulla fue completamente incinerado por un líquido inflamable hallado en una de las ruedas delanteras, según informaron fuentes de la investigación.
Afortunadamente, los agentes no se encontraban cerca del vehículo en el momento del ataque y resultaron ilesos. El incidente se interpreta como una clara represalia por parte de las mafias del petaqueo que se dedican a llenar el depósito de gasolina a las narcolanchas, que buscan responder a las recientes detenciones e incautaciones realizadas por la Guardia Civil. Estas organizaciones no solo han resistido la intensa ofensiva policial en la región, sino que también están reorganizándose.
Un mes antes, la operación Caramel desmanteló otra red que intentaba ocupar el espacio dejado por la organización conocida como los Lateros. En dicha operación, se decomisaron 30.000 litros de gasolina, 10.000 euros en efectivo, 12 embarcaciones recreativas, cuatro vehículos y dos armas cortas. La intervención involucró a 100 agentes y culminó con nueve detenidos y siete registros en inmuebles de El Ejido, Balanegra, Adra y Roquetas. La Guardia Civil llevaba siguiendo a esta banda desde mediados de 2023, con el objetivo de desarticular la logística del narcotráfico y la inmigración ilegal. El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 5 de Almería ordenó el ingreso en prisión provisional, comunicada y sin fianza, de cuatro de los detenidos.
Desde el año pasado, la presión sobre los petaqueros en la provincia de Almería ha sido intensa, considerándolos un aliado crucial para las mafias en el estratégico mar de Alborán. Esta presión se ha intensificado tras la muerte de dos guardias civiles en Barbate, lo que ha desplazado la actividad de las mafias hacia el sureste peninsular, con numerosas intervenciones previas a los dos grandes golpes del verano.