El dinero recaudado de los inmigrantes se distribuye entre varios intermediarios. «El pasador se queda con la mayor parte», afirma Ely. Como patrón de cayuco, él recibe entre 3000 y 6500 euros por viaje. Según ha explicado en una entrevista para el diario El Español, el sistema funciona bajo las reglas de oferta y demanda. En los últimos días de febrero de 2025, la escasez de patrones disponibles ha elevado el precio; Ely recibió una oferta de 7000 euros para partir esa misma noche, pero la rechazó debido a que su madre se encontraba enferma.
Desde los 20 años, Ely ha trabajado como pescador, ganando aproximadamente 6 euros diarios, dependiendo de las condiciones del mar. «Si el mar está en buenas condiciones, no regreso en todo el día», señaló. Los más de seis mil euros que puede ganar por un viaje de 72 horas a Canarias equivalen a casi tres años de pesca.
El trayecto desde Mauritania hasta Canarias requiere evadir la vigilancia y los radares, especialmente los de Marruecos. «La corriente entre Marruecos y Canarias es muy fuerte. Si no sabes lo que haces, te arrastra de vuelta». Con su experiencia, sabe cómo evitar las patrullas, navegando sin GPS, solo con una brújula y las estrellas. «Si tienes buen ojo, llegas. Si no, te pierdes en el Atlántico».
Al partir de Nuadibú, dirige el cayuco hacia América para alcanzar aguas internacionales y evitar el Sáhara Occidental. Luego, gira 90 grados y traza una ruta directa hacia las Islas Canarias, aprovechando las corrientes marinas. La isla más cercana es El Hierro, aunque pueden terminar en Gran Canaria dependiendo de las condiciones del mar.
Uno de los mayores desafíos a bordo es mantener el orden entre los pasajeros. «Lo más difícil es evitar que la gente se desespere. Si todos se mueven a un lado, el cayuco se hunde», explicó. Divide a los inmigrantes en grupos y los hace moverse estratégicamente. Aunque inicialmente no lo mencionó, al final de la conversación, reveló que cuenta con dos personas de confianza que le ayudan a mantener el orden, formando una especie de tripulación.
Asegura no haber tenido problemas en alta mar, algo que confirma uno de los inmigrantes que transportó a Tenerife y que fue deportado a Mauritania. «La única vez que tuvimos miedo fue cuando una ballena nos rodeó. Si nos golpeaba con su cola, podía matarnos a todos. Apagué el motor mientras parecía que nos olía y solo nos quedó guardar silencio y esperar».
Una vez en Canarias, los inmigrantes reciben instrucciones claras de no revelar la identidad del patrón. «Todos nos alejamos del motor y decimos que todos hemos estado manejando». Esta estrategia se basa en el artículo 318 bis del Código Penal español, que penaliza el tráfico de inmigrantes con hasta ocho años de prisión. En la práctica, las condenas suelen variar entre tres y seis años. En abril de 2024, dos patrones aceptaron una pena de tres años, mientras que en diciembre del mismo año, se mantuvo una condena de seis años para un patrón cuyo cayuco llegó a El Hierro con una persona fallecida. Las penas pueden aumentar significativamente si ocurren muertes o lesiones graves durante el viaje, llegando hasta 20 años en casos extremos.
Ely ha estado en centros de internamiento para extranjeros (CIE) en Tenerife y Gran Canaria, siendo devuelto a Mauritania en todas las ocasiones. «Una vez, un policía mauritano que colaboraba con la Policía Nacional en Tenerife me visitó y me dijo: 'Sé que eres tú el patrón de los cayucos'. Y me deportaron a Nuadibú». En otra ocasión, fue identificado y enviado al Centro Penitenciario Las Palmas I, conocido como «Salto del negro». Después de unos meses, fue deportado nuevamente a Mauritania. «No me importa. No quiero quedarme allí, tengo una vida aquí, mi madre, mis hijas. Voy, gano dinero, y España me paga el vuelo de regreso».